04-10-2020 / Redacción
 
Una iglesia con rostro de mujer
Se une al dolor de las familias de las víctimas de la violencia
Con profunda tristeza y consternación, la Iglesia de Morelia se une al dolor de las familias de Jessica González Villaseñor, Licenciada en Educación de 21 años y que fue cruelmente ultrajada y asesinada; y de Xitlali Elizabeth Ballesteros Heredia, enfermera de
profesión.

Nos duelen estos actos de violencia, en especial los que se cometen contra las
mujeres, oramos por nuestras hermanas e invitamos encarecidamente a toda la sociedad a exigir que se acompañe a la familia de estas hermanas para que se conozca la verdad, se castigue a quienes resulten culpables, se repare lo más posible el daño causado y hagamos todo lo necesario para que estos hechos no vuelvan a suceder, nos unimos a
los gobiernos, sociedad civil, instituciones de todo tipo e iglesias para hacer conciencia en nuestro pueblo sobre las consecuencias de estos crímenes feminicidas y que afecta a
familias y a toda la sociedad, pues todas las mujeres tienen un papel fundamental en la sociedad y estamos llamados a defender su dignidad y promover su valor y su desarrollo
integral como personas, expresó el arzobispo Carlos Garfias Merlos

La violencia contra la mujer constituye un ultraje vergonzoso a la dignidad humana y una grave violación de los derechos humanos fundamentales.

Señaló que estas situaciones son una
afrenta a los valores fundamentales que todo ser humano tiene y promueven y defienden todas las culturas y todos los pueblos, valores arraigados en la misma naturaleza de la persona humana.

El alarmante aumento de la muerte de mujeres por violencia de género
se ha convertido en un problema de seguridad, político, social y sobre todo familiar.

En la Iglesia reconocemos la vocación extraordinaria de la mujer a la maternidad, quien además es como el icono de la Virgen, Nuestra Señora; aquella que ayudó a crecer
a la Iglesia. La Iglesia es femenina: es esposa, es madre, es hija, presencia de ternura y dadora de vida. "No se puede entender una Iglesia sin las mujeres. En la Iglesia favorecemos a las mujeres en su dignidad y su desarrollo familiar, social, cultural, político y religioso".

Como sociedad, agregó, asumamos el compromiso para que las mujeres tengan mejores condiciones de vida, sean escuchadas, respetadas y amadas, sean tomadas en cuenta para transformar nuestra realidad, pues ellas son la mejor expresión de ternura y cariño, que tanta falta hace en nuestro mundo.