10/02/2026

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GAS NATURAL Y LA SOBERANÍA ENERGÉTICA

Salvador García Espinosa

Todas las ciudades del mundo ocupan apenas el 3% de la superficie total del planeta. Sin embargo, se estima que consumen aproximadamente el 80% de la producción total de energía mundial. Lo más grave es que la energía consumida depende en gran medida de combustibles fósiles, con aproximadamente 64.6% de productos petrolíferos y 15.5% de gas natural. Por obvias razones, las ciudades son responsables de dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a nivel mundial.

En febrero de 2022, Rusia inició una invasión militar sobre Ucrania; el conflicto puso en evidencia la gran dependencia que la Unión Europea mantenía de la importación de gas, petróleo y carbón rusos. Con la llegada del invierno de ese año, se agudizó una crisis energética sin precedentes en la Unión Europea. Ante dicho escenario, los países acordaron acelerar su transición hacia las llamadas fuentes de energía limpia. Previo a la guerra, la importación de gas ruso representaba el 40% del consumo, y para 2025 se prevé que sea solo el 13%. Su propósito es lograr una desvinculación total de la energía rusa; incluso se habla de prohibir las importaciones de gas natural para finales de 2027. En otras palabras, la guerra aceleró la independencia energética de la UE respecto a Rusia.

El caso anterior adquiere relevancia debido a que la semana pasada se anunció que México alcanzó un récord en las importaciones de gas natural proveniente de Estados Unidos, con un promedio de 7.5 mil millones de pies cúbicos diarios. Este volumen representa el nivel más alto desde 1975. Dicho incremento se atribuye a la mayor demanda del sector industrial, en especial por la generación de electricidad.

En nuestro país, gracias a la conversión de plantas de generación que utilizaban combustóleo a gas natural, el 54% de la electricidad se genera a partir de este insumo. En consecuencia, de todos los países, México es el que depende en mayor proporción del gas natural para la generación de energía eléctrica.

Hay que subrayar que el incremento en la generación de electricidad y, por lo tanto, en la importación de gas natural, se atribuye al aumento en el uso de sistemas de refrigeración o aires acondicionados en hogares, escuelas, empresas e industrias durante el verano. Situación que no se avizora que disminuya en el futuro; por el contrario, los efectos más tangibles como consecuencia del cambio climático indican que cada vez habrá temperaturas más altas en verano y más bajas en invierno.

Si bien es cierto que el gas natural es menos contaminante que cualquier otro combustible fósil, resulta alarmante que alrededor del 60% del consumo de gas natural en México se destine a la producción de energía eléctrica. Además, otro 20% resulta ser insumo clave en la actividad industrial.

Pensar tan solo que el motor energético de México se ubica en Estados Unidos, pues dependemos en un 70% de las importaciones de gas natural, y dadas las cambiantes condiciones políticas de nuestros vecinos del norte, la transición energética para abandonar esta dependencia debería ser una de las principales estrategias nacionales a fin de alcanzar la soberanía energética.

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