24/02/2026

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DISPERSIÓN O DENSIFICACIÓN, DOS CARAS DE UNA MISMA CIUDAD

Salvador García Espinosa

Cuando en 1987 la ONU dio a conocer el informe denominado «Nuestro Futuro Común», mejor conocido como Informe Brundtland, logró que se comenzara a hablar en todas las esferas políticas del concepto de desarrollo sostenible, mismo que se define como «…aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades».

Si lo anterior lo aplicamos a las ciudades se podría pensar que la sustentabilidad urbana sería un concepto alternativo de ciudad, por construir, en el cual se tiene la capacidad de proporcionar en forma duradera y eficiente la energía y los recursos para satisfacer las necesidades sociales, es decir, garantizar el bienestar social en un espacio físico urbano, donde se incentive el desarrollo económico, entendido como la productividad, pero en un marco ambiental protegido (preservación ecológica) que demanden las generaciones presentes y futuras.

La realidad es que no se conoce a la fecha una ciudad que sea sustentable. Se han llegado a identificar algunas de las características que debería cumplir una urbe para acercarse a lo que se define o entiende como sustentabilidad. Sólo así se comprende que el uso de transporte público en una ciudad “la haga más sustentable”; o la instalación de plantas de tratamiento de aguas residuales para su posterior aprovechamiento en zonas agrícolas, así como la generación de energía limpia a partir de fuentes el viento (eólica) o el sol, etc.

El problema que enfrenta la mayoría de las ciudades mexicanas es, por un lado, la dispersión urbana que propician principalmente los extensos desarrollos habitacionales, normalmente emplazados lo más alejados del área urbana, que es donde hay abundante oferta de suelo barato. Dicha dispersión encarece la prestación de servicios básicos, como el agua potable, drenaje, electricidad, transporte público, etc. Además de que incrementa la contaminación ante el aumento en el uso de vehículos particulares y de transporte público. Para dimensionar el impacto, baste señalar que, de acuerdo con datos oficiales, el 19% del área urbana de la ciudad de Morelia, es decir poco más de 2,400 Hectáreas corresponden a baldíos.

Por otro lado, bajo la idea mal entendida de la densificación como un elemento de la sustentabilidad per se, está llevando a que en colonias ya consolidadas urbanizadas hace 50 o más años, se derrumben casas para edificar edificios de 4 o 5 niveles con departamentos u oficinas. Que, si bien propician un uso más eficiente del suelo, el funcionamiento de dichos edificios supera por mucho la capacidad de la infraestructura instalada, creando graves déficits en el suministro de agua potable, drenaje, estacionamiento o saturación de vialidades. Aspectos que, a corto o mediano plazo, la autoridad municipal tendrá que subsanar con recursos propios, sin comprometer la ganancia obtenida por el promotor inmobiliario.

En ambos casos, dispersión y densificación, el motor principal resulta ser la especulación inmobiliaria de particulares, a partir del valor del suelo, que define el crecimiento de la ciudad, más allá de la voluntad de la autoridad expresada en los instrumentos de planificación urbana.

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