A través de las biofábricas o módulos de producción de bioinsumos, los productores pueden contar con insumos necesarios para el desarrollo de sistemas de producción sustentables, tanto en la agricultura como en la ganadería.
En estos espacios que se consolidan gracias al trabajo organizado de las y los productores en las diversas regiones, se producen microorganismos que permiten prevenir y controlar plagas y enfermedades que atacan a los cultivos y a los hatos ganaderos.
Lo que se produce en estos espacios son hongos, bacterias y bacilos de acción entomopatógena; hongos y bacterias promotores del crecimiento; hongos y bacterias antagonistas para el control de las enfermedades, además de insectos benéficos.
Interesado por conocer más sobre cómo funcionan estas biofábricas asociativas y los resultados que se obtienen con ellas, el consultor del Centro de Inversiones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), con sede en Roma, Hernán Braude, visitó las biofábricas que operan en Peribán y Tingüindín, donde platicó con las y los productores de maíz, caña de azúcar, frutillas y aguacate que participan activamente en esos proyectos.
Tras observar la operación, señaló que, sin duda, las biofábricas enfrentan desafíos, pero también constató el convencimiento de los productores del camino que emprenden con este sistema.
Cabe señalar que, otros beneficios de la operación de las biofábricas son la reducción de los costos de producción, de la contaminación del suelo, agua y aire, así como de la dependencia de los agroquímicos; paralelamente, contribuyen a tener alimentos sanos, así como a incrementar el rendimiento por hectárea

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