El escándalo mediático que ha provocado el asesinato de Carlos Manzo, edil de la ciudad de Uruapan, sigue en ascenso.
Resultados de la investigación sobre el asesinato, acusaciones sin pruebas de la viuda y del diputado local Bautista Tafolla, como siguiendo un guion preestablecido; declaraciones de políticos de la oposición al proyecto 4T; videos comprometedores para el difunto; y artículos periodísticos que tanto acusan que detrás del crimen están el gobierno federal, el estatal y el crimen organizado contrario al que él quería imponer en su región; hasta los que suponen que todo fue un montaje, que fingió su muerte para así, libremente, formar un grupo de autodefensas al estilo calentano, y que por armarlo dejó quebrado financieramente su municipio.
Y ahora, la presidenta municipal interina, sin saber qué hacer con el cargo que por motivos sentimentales le confirió el Congreso estatal, gobierna a través de declaraciones a medios nacionales, un día sí y otro también; y el diputado local, en sus momentos de gloria mediática, queriendo gobernar la ciudad tras bambalinas, pide la intervención gringa a nuestro país y, en el colmo de su ignorancia e insensatez, ofrece recompensas a quienes denuncien a parientes, amigos o simplemente alguien que te caiga mal, que hayan o que estén cometiendo delitos. A pasos agigantados, estos personajes demuestran su verdadero nivel: incapacidad para gobernar, nula sensibilidad social y su ambición desmedida por el poder.
Con este ambiente como base, se efectuaron violentas marchas convocadas por los oposicionistas de siempre, además de bloqueos de carreteras del país, por transportistas y agricultores también con el mismo origen convocador, exigiendo seguridad y mejores precios de garantía para sus productos.
Es decir, se intenta, a cualquier precio, crear hacia el exterior la imagen de ingobernabilidad del gobierno federal.
Y aprovechando este escenario, la guerra mediática echó a andar su mecanismo de desprestigio, manipulación y desestabilización, con gran financiamiento económico, en complicidad de los grupos fácticos de poder empresarial con los grandes y poderosos medios de comunicación.
Según los que saben, para un golpe de Estado blando se requieren cuatro etapas bien definidas: desprestigio; guerra mediática y noticias falsas; calentamiento de las calles; y ruptura institucional.
Se inicia la estrategia con siembra de odio y miedo para polarizar a la sociedad. Se construye una narrativa de ingobernabilidad mediante campañas mediáticas de desinformación y acciones de violencia callejera, que se utilizan para magnificar las noticias falsas. Y cierra la pinza el papel de los medios manipuladores en los que se acusa al gobierno democrático de ser totalitario o, en el caso mexicano, de ser un narcoestado.
Y si agregamos los antecedentes de políticos prianistas, magistrados de la antigua Suprema Corte de la Nación, que fueron con los gringos rogándoles su intervención en nuestro país, queda claro un proyecto de este tipo, aunque remoto, que anhelan desarrollar los grupos opositores en México lindo y querido.
¿Y los del sombrero?
Solo son un instrumento.

Más historias
Previos electorales: viejas prácticas en tiempos de definiciones
Servir es comprender la vida en comunidad: Oscar Celis Silva
Juan Carlos Barragán se consolida como el único ganador rumbo a la alcaldía de Morelia por Morena