La semana pasada el Valle de México estuvo poco más de 50 horas en emergencia por ozono. La Comisión Ambiental de la Megalópolis activó la fase 1 desde el jueves 12 y se levantó hasta la noche del sábado. Se estima que dejaron de circular un millón 511 mil autos particulares, esto es aproximadamente 28% del total de autos que se estima superan los 5.3 millones. Lo peor es que las autoridades pronostican que de febrero a junio habrá entre 5 y 11 contingencias, ya que se prevén menos precipitaciones pluviales que el año pasado.
Aunque con seguridad, algunos de los lectores piensan que lo anterior poco o nada tiene que ver con la ciudad en que viven, lo cierto es que la mayoría de las ciudades en México se han desarrollado teniendo como modelo a la CDMX; una muestra es que, en todo momento, se ha privilegiado al automóvil sobre el peatón, con la desventaja de que pocas veces se tiene los recursos que tiene la capital del país para construir un sistema metro, un metrobús o un tren sub-urbano.
En la mayoría de las ciudades mexicanas seguimos enfocados en construir más vialidades, con el objetivo que aumentar la velocidad promedio de traslado, condición que está siendo aprovechada por miles de habitantes que ven en la motocicleta una alternativa real, a bajo costo, que brinda las ventajas del traslado en auto, sin los inconvenientes inherentes al transporte público.
Son muy pocas las ciudades que han aceptado que esta carrera por satisfacer las demandas de movilidad a partir del automóvil está perdida, y la única alternativa es impulsar diversos modos de transporte público. Por muchos años se pensó que el transporte público era para satisfacer las necesidades de quienes no disponen de automóvil propio; la evidencia más clara es que se incorporaron las unidades de transporte a la calle, en franca competencia con los autos. Llevó muchos años comprender que había que privilegiar la movilidad de una mayor cantidad de personas con menos unidades de transporte, algunos lo llamaron democratizar el uso del espacio público, así se privilegió el transporte público, con carriles exclusivos que propiciaron que los recorridos fueran en menor tiempo que en auto particular.
Otro aspecto ha sido la incorporación de vehículos grandes, para poder mover más gente con menos unidades: los denominados Autobús de Tránsito Rápido o BRT (por sus siglas en ingles Bus Rapid Transit) dado que se reduce el impacto ambiental. Más aún si dichas unidades son eléctricas o con gas natural, resulta fundamental.
Pero el transporte es sólo una pieza de un complejo sistema llamado Ciudad. El principal reto que se enfrenta es la dispersión urbana; debe detenerse la práctica de autorizar conjuntos habitacionales cada vez más alejados del área urbana, con el simple argumento de la búsqueda de suelo barato que garantice la ganancia a los promotores inmobiliarios.
Otro de los factores es la llamada zonificación de usos de suelo, que forma parte fundamental de los instrumentos de planeación actual y que propicia que se edifiquen grandes conjuntos habitacionales alejados de las fuentes de empleo o establecimientos educativos, culturales y de salud.
Por último, un tercer factor ineludible es la necesidad de incorporar más áreas verdes y arbolada al área urbana. Sólo así se podrán garantizar mejores condiciones ambientales para el 80% de la población mexicana, que es la que habita en una ciudad.

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