Las prácticas agrícolas de alta productividad que requieren el uso intensivo de agroquímicos alteran los ecosistemas y propician la pérdida de fertilidad de vida microbiológica de los suelos.
Una alternativa para esas prácticas son las biofábricas o módulos de producción de bioinsumos, con los cuales se logra reducir el uso de agroquímicos para el control de plagas y enfermedades.
De acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) estatal, los microorganismos que se obtienen en las biofábricas son útiles, principalmente para prevenir afectaciones en los cultivos, actividad que representa un menor costo para los productores.
Además, generan insumos que son amables con el medio ambiente, ya que contribuyen a restaurar suelos, recuperar la sanidad de los mantos freáticos y del aire; para tener productos sanos para el consumo humano, así como para proteger la salud de los productores agrícolas y ganaderos.
Con base en los cultivos que realizan las y los productores y las principales plagas y enfermedades que inciden en sus cultivos o ganado, se determinan los microorganismos que van a producirse en la biofábrica, tanto para aplicarse en actividades agrícolas como ganaderas.
Otra ventaja de estos módulos es que son versátiles: no solo se va a producir determinado tipo de microorganismos, hongos o bacterias, sino que, además, cuando el equipo no se va a utilizar para la producción de microorganismos, permiten la preparación de bioles (abonos orgánicos), así como aminoácidos y otros componentes, lo que representa potencializar su valor de uso.

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