Las acciones de protección animal y cuidado del medio ambiente no deben limitarse a respuestas emergentes, sino convertirse en políticas permanentes, afirmó la bióloga Cristina Colin Soto, integrante del Colectivo Estatal Animalista de Michoacán (CEAM).
La especialista hizo un llamado urgente a fortalecer las acciones de protección de la fauna silvestre y evitar que las autoridades actúen únicamente después de que se registre una afectación ambiental.
Pidió repensar las prácticas ambientales, particularmente las podas excesivas de árboles que se realizan de manera sistemática y que, en numerosas ocasiones, generan consecuencias graves para la fauna y los ecosistemas.
Consideró que todas las acciones en materia ambiental deben tener como uno de sus ejes rectores el principio in dubio pro natura, que establece que, cuando existen dudas científicas sobre si una acción puede contaminar, deteriorar o perjudicar un ecosistema, debe optarse por la alternativa que otorgue mayor protección a la naturaleza, aun cuando no exista certeza absoluta sobre el daño.
“Es una realidad urgente la implementación del transporte ecológico, eficiente, seguro y accesible, que reduzca la carga vehicular de la ciudad y la huella de carbono generada por este sector, sin embargo, se deben evitar prácticas vorágines que destruyen de forma grave e irreparable ecosistemas y microecosistemas”, manifestó.
Colin Soto señaló que la poda de árboles en la zona norte de la ciudad resulta especialmente preocupante, debido a que se trata de una de las pocas áreas arboladas de Morelia que conserva un pulmón verde y que, además, constituye el hábitat de múltiples especies con un papel fundamental en los servicios ecosistémicos que benefician a todos los seres vivos, incluidos los seres humanos.
Recordó que los árboles permiten la captura de carbono, la producción de oxígeno, la regulación del microclima urbano y la infiltración de agua.
También representan refugio y fuente de alimento para diversas especies que han sido despojadas de sus hogares.
La bióloga, señaló que el retiro de ejemplares provocó que cientos de aves sobrevolaran la zona en busca de refugio, además de que se desconoce el número de crías que murieron tras el derrumbe de algunos árboles.
A su juicio, pudo haberse implementado una estrategia preventiva antes de las intervenciones para reubicar oportunamente a la fauna nativa y reducir los impactos sobre las especies.
“Se debe repensar las prácticas ambientales y todo debe de realizarse con evidencia científica. No se deben realizar podas excesivas que pueden tener resultados caóticos para la fauna que habita en el lugar”, concluyó.

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