01/09/2026

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HAY UN INTRUSO EN MI
Por Boris González Ceja

Dentro del enorme abanico de problemas que enfrenta la psicología actual, existe un
fenómeno del que se habla muy poco, pero que se percibe en todos lados: el
intrusismo profesional.
Este término se refiere a la intromisión de personas farsantes que, atraídas por los
temas de la salud mental, se hacen pasar por psicólogos sin serlo. Se dedican a
atender pacientes, diseñar políticas públicas o simular que realizan acciones
terapéuticas sin tener la menor idea del sustento científico que hay detrás.
Este cinismo también ocurre en el Derecho o la Medicina, pero en la psicología provoca
situaciones alarmantes debido al alto riesgo social que implica. Se han documentado
casos trágicos de personas que se quitaron la vida tras acudir con psiquiatras que, de
forma negligente, les decían que, si los medicamentos les daban sueño, «aprovecharan
para echarse una siesta». El dolor emocional no se cura durmiendo.
A nivel familiar, el intrusismo se disfraza de ignorancia. Muchos padres desconfían de
la psicología científica y afirman que «no sirve», tachando de cobardes a sus hijos.
Creen que los problemas se quitan «echándole ganas», obligándolos a arrastrar por
décadas dolores profundos causados por la depresión, la ansiedad o duelos mal
gestionados que no se curan solos.
Un caso doloroso es el de una niña que vio a su madre quitarse la vida. Su padre, un
adulto mayor, se niega a llevarla a terapia porque cree que los psicólogos «hacen
daño», una idea que se trajo de Estados Unidos. Prefiere delegar la responsabilidad
buscando un psicólogo escolar, algo que no va a resolver el fondo. Mientras tanto, la
menor padece un duelo complicado grave y una disociación cognitiva alarmante por
falta de atención profesional.
El intrusismo también brota entre médicos y psiquiatras que juegan a ser psicólogos.
Pretenden dar terapia basándose únicamente en lo poco que leen o presumiendo
maestrías en salud mental de dudosa calidad. Esto es un engaño.
Poseer un título médico no autoriza a simular prácticas psicológicas si no se tienen las
bases para el entendimiento de la subjetividad y la conducta humana. Lo peor ocurre
cuando estos médicos asumen jefaturas de salud mental en el gobierno y coordinan el
trabajo de cientos de psicólogos reales. Como no conocen las condiciones del campo,
son fácilmente engañados por subordinados complacientes. Así, todos viven felices en
sus oficinas mientras la atención al público colapsa.
A nivel social hay psiquiatras charlatanes que se asumen como los reyes de la salud
mental, ocultando que el 90% del éxito terapéutico se logra gracias a los psicólogos
que atienden diariamente a la gente. El medicamento solo representa el 10% restante,
pero es el negocio personal de esos médicos, de los políticos que los sostienen y de
las farmacéuticas que los patrocinan. Es indignante que las farmacéuticas se queden

con el 90% del presupuesto público de salud mental, dejando solo las migajas para que
operen los psicólogos. Un fraude social redondo a costa del erario.
En México sucede lo mismo con el ABC de las emociones del Gobierno Federal en la
Secretaría de Salud, es una farsa donde los maestros no serán psicólogos y los
psicólogos nos quedamos sin la posibilidad real de atender a las personas que tienen
problemas graves de salud.
Incluso las organizaciones internacionales caen en el intruismo. Desde 2008, la OMS
promueve la guía MhGAP para reducir las brechas en salud mental, capacitando al
personal general de los hospitales y centros de salud para detectar trastornos. Aunque
la iniciativa suena bien, olvidaron advertir que ese personal no tiene el tiempo, la
formación ni la capacidad para dar un seguimiento integral. Esto termina siendo otra
forma de intrusismo institucionalizado.
Finalmente, el intrusismo digital ha explotado en las redes sociales: «influencers» sin
cédula profesional que diagnostican trastornos en videos de treinta segundos,
confundiendo por completo a una población vulnerable que busca respuestas
desesperadamente. Los intrusos en salud mental son variados y peligrosos, y a los
ciudadanos solo les queda aprender a identificar a los verdaderos profesionales para
proteger su vida y la de su familia.
Causas y azares:
 Para los profesionales serios que deseen especializarse con rigor científico,
recomiendo inscribirse al diplomado virtual en psicología jurídica y forense que
inicia el próximo 2 de septiembre, disponible en: bit.ly/4zK8qk3
 La tala injustificada de árboles en nuestras ciudades está cobrando un costo
político muy alto. La avaricia de los políticos improvisados sigue pisoteando la
ecología de las comunidades.
 Es gravísimo que las empresas públicas federales reporten cero utilidades netas
y devoren presupuestos históricos que deberían destinarse al pueblo bueno y
sabio, mientras las crisis de salud mental siguen al alza.
Nos estamos viendo, y planta tus propios jardines y decora tu propia alma, en lugar de
esperar a que alguien te traiga flores.
www.facebook.com/psicologoclinicomexico

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